domingo, 30 de diciembre de 2012

Una esperanza

Un joven vivía con su madre en el pueblo de Olmos.
Un día, Rosa, su madre sintió un dolor muy fuerte en el pecho que no resistió más y se desmayó, quedando tendida en el piso de su casa, inmediatamente llegó su hijo, al verla en ese estado la llevó al hospital.  Horas más tarde, el doctor se acercó:
-¿usted es su hijo?, le dijo
- Sí, replicó, Jaime.
El doctor lo miró tristemente, tu madre necesita una operación muy delicada y costosa.
Jaime,  como era pobre, decidió prestar dinero a sus vecinos. Algunos le ayudaban, otros no. Por eso decidió ir a buscar trabajo para ayudar a su madre. Nosotros te ayudaremos, le decían alegres algunos de ellos. En ese afán llegó a Lambayeque, lugar desconocido, ahí empezó a buscar trabajo. La gente lo rechazaba, algunos se hacían los disimulados.
Al pasar por una bodega, vio un letrero que decía: “SE NECESITA UN AYUDANTE PARA CARGAR MERCADERÍA”, pasó sus manos blancas sobre sus cabellos color oro, estaba nervioso, tenía que conseguir trabajo lo más pronto. Su madre lo necesitaba. Ella, seguro seguía allí en el hospital esperándolo.
Se presentó ante el dueño.  El puesto ya lo han ocupado, le dijo. Y ahora qué hago, de dónde saco dinero, en ese instante vio que, el dueño de la bodega sacaba varios paquetes de dinero de su mostrador…
Al día siguiente, llegó con la medicina que necesitaban para operar a su madre, la que lograría una mejoría asombrosa. Poco tiempo después, ambos caminaban raudos bajo el abrazador sol de su tierra para ir al trabajo y agradecer a los que les habían ayudado.
Pasaron los meses y una vecina, de las que no le habían ayudado, se enteró de la acción de Jaime para poder pagar la operación de su madre y le contó lo que había hecho su hijo para curar su operación.
Ella, no pudo con el dolor de su corazón y se desplomó. En ese momento llegó Jaime, la vio tendida en el piso, la abrazó fuertemente sin poder hacer nada.
Sus ojos se nublaron, una lluvia tierna cubrió sus mejillas...
(Autor: André Niño Odar 2º “C”)

sábado, 22 de diciembre de 2012

Una muestra de producción de textos

LA HUACA DE ORO

Cerca a la Huaca de Oro, un campesino observó que sus cosechas eran robadas por la noche y, vigilando a esa hora, pudo sorprender al ladrón, que resulto ser una mujer extrañamente vestida.

Este personaje le explicó al agricultor que era la mujer de la huaca y que robaba para alimentar a sus hijos. Le dijo también que no le hiciera daño, pues ella podría pagarle con objetos de gran valor, para lo cual debería acompañarle.

Al hacer esto, el campesino fue llevado a la huaca donde, luego de hacerle cerrar los ojos un momento, la desconocida lo hizo penetrar al interior de ella. En ese lugar se encontraban unos niños, en una habitación donde había bastante cerámica y una gran campana.

La misteriosa mujer cogió gran cantidad objetos brillantes y se los entregó al agricultor diciéndole que era de oro, que los guardase con mucho cuidado y que no dijese absolutamente nada, pues si lo hacía moriría junto a su familia y no quedaría nada del encanto.

El campesino recibió los regalos e indicó a la mujer de la huaca que podía seguir tomando los frutos de su chacra, luego, encaminándose enseguida a su casa, con los regalos en su alforja. Al llegar a su hogar, el agricultor vio que efectivamente los objetos eran de oro y se los mostró a su mujer, contándole todo y remarcándole que no debería saberse el secreto.

Poco después, con la venta del oro, la familia empezó a enriquecerse y a adquirir muchas chacras y otros bienes, con la particularidad de que el tesoro no disminuía, sino se renovaba constantemente.

Al observar esa inexplicable prosperidad, sus vecinos buscaron que el nuevo rico les contase su secreto, pero el guardaba la recomendada reserva, evitando ir a fiestas o embriagarse. Sin embargo, una noche, sus amigos lograron emborracharlo y en ese estado el agricultor refirió el origen de su fortuna.

A la, mañana siguiente, los vecinos se dirigieron en grupo a la Huaca de Oro, para excavar en busca del tesoro. Pero, al verlos excavando, los campesinos cercanos a la huaca les contaron que la noche anterior habían visto salir de ella una enorme carreta tirada por dos bueyes, cargando varios objetos brillantes, a varios niños y a una mujer, vehículo que se había dirigido hacia el mar.

Esperando encontrar algo de todas maneras, los huaqueros cavaron mucho rato, hasta lograr desenterrar la enorme campana, que cargaron en una carreta para llevarla al templo del lugar. Pero en el camino, la carreta se plantó y no hubo manera de hacerle avanzar. Luego, misteriosamente se rompieron las sogas que sujetaban la campana y ésta se elevó en el aire, para luego perderse en dirección al mar, cayendo fuertemente.

Esa misma noche, el rico agricultor enfermó. Y, a pesar de gastar una fortuna en tratar de curarse, al poco tiempo murió, ocurriendo lo mismo con toda su familia. Se cumplió así lo que había vaticinado la mujer de la Huaca de Oro.
Autor: Leitol Roque Montalván 2º "D"